La melancolía de las flores

3 Oct

Las tardes aceleran el ritmo para que noches cubren con su oscuro manto, casi de inmediato la luz del día. El calor se nos escapa entre los dedos, dejando paso a un frescor que pronto se convertirá en frío. La vida, la alegría, el movimiento parece tener prisa por marcharse, por esconderse, como si supiera que este momento ya no es el suyo, que es ajeno e incluso peligroso.

La primavera y el verano muestran todo su esplendor, toda su vida, su bullicio. Las plantas y las flores compiten por alcanzar la máxima actividad, la máxima belleza con flores grandes, llenas de colores, de actividad, rebosantes de fragancia. El espectáculo es grandioso. Se mezclan texturas, cromatismos, fragancias con un fondo de silencio solo interrumpido por el aleteo de los insectos, ansiosos por libar el néctar de los apetitosos frutos.

Este escenario, casi idílico, comienza a esfumarse, a retirarse con la llegada del otoño. El mes de octubre llega con noches frías y días templados, el sol está más lejano y sus rayos nos tocan con prudencia, casi con miedo. La mayoría de las flores desaparecen, las hojas de los árboles cambian de tonalidad, tirando a rojizo y pronto, con los primeros fríos, estarán en el suelo.

Lucho contra esa melancolía, me resisto y busco flores bonitas, frescas que tiñan de alegría la mesa de la oficina. Me encantan las rosas, un ramo de rosas de tallo de largo en color rojo, o mejor, amarillas. También he visto un ramo de tulipanes multicolores espectacular. Entro en Internet y navego hasta encontrar la página que me ofrece un servicio en envío de flores a domicilio integral. En dos horas la primavera estará de nuevo frente a mí.

 

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